Asociación de Turismo de Monfragüe ATUMON
Asociación de Turismo de Monfragüe ATUMON. Cáceres. Extremadura. España.

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Estación del AVE

Propuesta de Estación del Ave de Monfragüe
Propuesta de Estación del AVE del Parque de Monfragüe
Propuesta de ubicación Estación del Ave de Monfragüe
Propuesta de ubicación de la Estación del AVE del Parque de Monfragüe
 
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Patrimonio Histórico

La historia en Monfragüe ha estado fuertemente marcada por su paisaje. Desde la Prehistoria hasta nuestros días, los ríos Tajo y Tiétar y las sierras que los acompañan han sido protagonistas principales en el transcurso de los acontecimientos.

Estos ríos y la riqueza de sus montes proporcionaban ya a los pobladores prehistóricos todo lo necesario para que éstos decidieran asentarse aquí: agua, pesca, caza y un bosque repleto de frutos hacían de Monfragüe un lugar idóneo donde vivir. Así lo demuestran los numerosos vestigios de su estancia en la comarca. El primero de ellos nos remonta al Paleolítico Inferior, se trata de útiles de piedra procedentes de la margen izquierda del embalse de Los Saltos de Torrejón. Son cantos tallados pertenecientes al Achelense Final con datación aproximada de unos cien mil años.

Patrimonio Histórico. Parque Nacional de Monfragüe. Cáceres.
(Pinturas rupestres. Foto cedida por Rubén Serradilla Prieto. Centro de Documentación P.N. de Monfragüe)

Pero mucho más importantes y numerosos son los restos de pinturas rupestres esquemáticas  repartidas por abrigos y covachas a lo largo de las escarpadas sierras cuarcíticas. Ahora la naturaleza no sólo ofrece sustento a sus pobladores, sino que también les aporta los lugares donde expresarse y comunicarse.

En estas pinturas aparecen representadas figuras humanas, animales, alineaciones, barras, puntos y signos abstractos. Todos ellos con carácter esquemático. Son de aspecto rígido, estático y de pequeño tamaño, hechos a base de trazos lineales aplicados con pinceles o bien con la misma yema de los dedos. Los pigmentos utilizados con más asiduidad son las múltiples tonalidades del rojo; el negro y el blanco se han usado en menor medida.

Teniendo en cuenta el esquematismo de las representaciones y su temática podemos situarlas entre  comienzos  del tercer milenio y el siglo V a.C. (Epipaleolítico, Edad del Cobre y Edad del Bronce). Los numerosos yacimientos que aparecen en el Parque son una de las mayores representaciones pictórico-esquemáticas de la provincia de Cáceres.

A finales de la Edad del Bronce la agricultura y la ganadería se convierten en los principales modos de vida. Con la llegada a la Península de los pueblos del Mediterráneo la metalurgia y el comercio adquieren un papel relevante en las sociedades fuertemente jerarquizadas que pueblan la zona. Así lo demuestran los pobladores de estas tierras que nos han dejado su testimonio en las estelas de guerrero. Hechas con gran habilidad artística, estas losas de piedra  muestran en una de sus caras motivos incisos a buril o cincel en las que aparecen representados guerreros con adornos y armas. Probablemente irían hincadas en el suelo como cabeceras de enterramientos, como hitos de vías ganaderas o rutas comerciales o con la función de control y delimitación de territorios. Hechas en pizarra local, han aparecido cuatro en el término de Torrejón el Rubio. Se pueden datar entre los siglos IX y VII a. C. Actualmente se encuentran en el Museo Provincial de Cáceres.

Patrimonio Histórico. Parque Nacional de Monfragüe. Cáceres.
(Tesoro de Serradilla. Foto cedida por el Centro de Documentación P.N. de Monfragüe)

En el anterior museo también encontramos un conjunto de joyas de oro conocido como el Tesoro de Serradilla. Pertenecientes a la Edad de Hierro, podemos fecharlo a finales del siglo VI a. C. Éste, aún siendo de fabricación más sencilla, nos recuerda a los grandes tesoros de la cultura tartésica, reflejando así la fuerte influencia que ejercieron en la comarca los pueblos del sur peninsular, influidos a su vez por las culturas del Mediterráneo.

También tenemos constancia de la presencia de tribus celtíberas. Aparecen restos de un castro vetón en Miravete, y en Malpartida de Plasencia en una finca conocida como El Calamoco.

En cuanto a los testimonios romanos se refiere, decir que, hasta hace bien poco, los restos que se habían detectado eran poco relevantes: restos de calzadas, puentes, fuentes y lápidas, algo lógico si tenemos en cuenta la cercanía de la ruta de la Plata. Aunque en el último año se ha confirmado la ocupación romana de la atalaya del Cerro Gimio: la presencia de unos paneles con grabados incisos en los que se representa varias figuras con indumentaria militar de la época republicana lo constata.

No debemos dejar de mencionar que es a los romanos a quienes debemos el nombre de nuestro Parque: Monsfragorum, monte fragoso.  Sin duda, se quedaron maravillados con la riqueza y exuberancia del paisaje.

A partir de ahora el río Tajo va a adquirir un importante papel en la Historia de estas sierras: el carácter de frontera natural que va a ejercer su rivera es, sin duda, decisivo para que el destino de la comarca se decantara de un lado o de otro en las numerosas contiendas que asolaron la Península Ibérica a lo largo de los siglos venideros.

Y es durante la dominación árabe cuando más claramente vemos la línea divisoria natural del Tajo. Mientras la zona permaneció bajo dominio musulmán Monsfragorum recibió el nombre de “Al-Mofrag”, que significa “el abismo” o “el cruce de caminos”. De esta etapa nos han llegado más noticias que restos arqueológicos. Se conoce la existencia de una gran fortaleza con cinco torres y dos murallas defensivas, pero apenas quedan los cimientos debido a las continuas remodelaciones a manos de los cristianos.

Patrimonio Histórico. Parque Nacional de Monfragüe. Cáceres.
(Torre Pentagonal. Foto cedida por Inés García Herrero. Centro de Documentación P.N. de Monfragüe)

El Castillo de Monfragüe se encuentra situado al oeste de la Sierra de Las Corchuelas, a 465 m. de altitud.  En él se pueden ver restos de murallas y dos torres ya que las numerosas remodelaciones a manos de los cristianos destruyeron la fortaleza.

A finales del siglo XII el dominio del castillo pasó a manos de los cristianos, pero antes se dieron unos rifirrafes entre los almohades y las órdenes militares cristianas que hicieron que este fuese el momento de mayor auge del castillo. Y fueron estas últimas las encargadas de la defensa de esta plaza, primeramente fue la Orden de Santiago, luego la de Montegaudio, después la de Monfragüe y por último, en 1221, el castillo es cedido a la Orden de Calatrava. Más tarde, y cuando la línea de la “reconquista” se encuentra por debajo de Cáceres, el Castillo de Monfragüe pierde sus funciones de defensa y pasa a manos de los nobles que ayudaron a Alfonso VIII en la conquista de estas tierras.

Las torres que podemos ver hoy en el castillo son los restos de las remodelaciones que llevaron a cabo los cristianos. La torre circular es lo que queda de la restauración  de la fortaleza que hicieron los hombres de la Orden de Montegaudio entre los años 1180 y 1196. Podemos observar restos de sus muros de mampostería realizados en cuarcita.

La torre pentagonal, igualmente de cuarcita, corresponde al siglo XV. Reforzada en sus esquinales con ladrillo rojo, presenta un arco de herradura apuntado en su entrada y una bóveda, igualmente de ladrillo, de cañón apuntada. Esta torre se hizo con carácter de vigilancia más que de defensa, así se controlaría el paso del ganado trashumante y se podría ejercer el cobro de impuestos de paso que denotaría algún derecho de portazgo.

El castillo siguió ocupado a partir del siglo XV por familias nobles. En la Guerra de la Independencia sufrió importantes destrozos y tras ésta, se abandonó casi por completo. Aunque se ha constatado su ocupación esporádica en la segunda mitad del siglo XIX, el hallazgo de un par de monedas de esta época en los sustratos superiores de la torre redonda lo confirman.

En la actualidad el castillo es utilizado por los numerosos visitantes del Parque. Las panorámicas que se pueden disfrutar desde lo alto de la torre pentagonal hacen de él un lugar de obligada visita.

Después de las consabidas idas y venidas de musulmanes y cristianos a un lado y otro del río, en 1180 Alfonso VIII funda Plasencia e inmediatamente se logra recuperar la zona de Monfragüe. El castillo pasa a manos de las órdenes militares y más tarde a los nobles que recibieron privilegios reales por los servicios prestados.

Patrimonio Histórico. Parque Nacional de Monfragüe. Cáceres.
(Puente del Cardenal. Foto cedida por Casto Iglesias Duarte. Centro de Documentación P.N. de Monfragüe)

No muy lejos del castillo, río arriba, se encuentra el Puente del Cardenal. La mayor parte del año está cubierto por las aguas recién mezcladas del Tiétar y el Tajo. Este puente fue mandado construir por el cardenal Juan de Carvajal, obispo de Plasencia, en 1446, facilitando las comunicaciones entre Plasencia, Jaraicejo y Trujillo.

Construido íntegramente con sillares graníticos procedentes de Malpartida de Plasencia, presenta grandes arcos semicirculares y ojos de buey en las enjutas de los arcos. Aunque tiene múltiples reformas, su datación estimada sería del año 1450.

En la guerra de Sucesión a principios del siglo XVIII, la zona se vio seriamente afectada. Desapareció la aldea de Monfragüe, refugiándose sus habitantes en la cercana aldea de Corchuelas. También fueron seriamente dañadas las aldeas de la Piñuela, en el otro extremo de la sierra.

El mencionado Puente del Cardenal era, prácticamente, el único que cruzaba el Tajo en Extremadura. Por lo cual era paso obligado de todo viajero entre Plasencia y Trujillo. Esto dio pie al pillaje, convirtiendo la zona en un paraíso de bandoleros y atracadores que se veían arropados por unas sierras escarpadas e impenetrables.

Con el fin de remediar esta situación, Carlos III decidió fundar una villa en mitad de camino entre el puerto de la Serrana y el Puente del Cardenal. Así surgió Villarreal de San Carlos. Contaba con iglesia, fuente y cuartel, pero a pesar de los privilegios que se otorgaron a sus pobladores nunca paso de ser una pequeña aldea vinculada a Serradilla. Lo peligroso de la zona y la pobreza de las tierras contribuyeron a ello.

La guerra de Independencia dejó marcadas estas tierras. Desapareció la aldea de Corchuelas y sus habitantes se repartieron por los pueblos de Torrejón el Rubio, Serradilla y Malpartida de Plasencia. El castillo de Monfragüe quedó prácticamente destruido al igual que el Puente del Cardenal y, en Miravete, el Castillejo del Pico fue derribado.

Después, nuestra comarca queda relativamente en paz hasta la Guerra Civil. Ésta, que asoló al país en los años treinta, transcurrió casi tangencialmente por estos parajes. La rápida toma de Extremadura hizo que lo peor del conflicto fuesen las consecuencias, hambre y pobreza, más que la contienda en sí. No podemos dejar de mencionar la importancia de nuestros impenetrables montes para acoger a los maquis de la comarca: destacando los grupos comandados por los célebres guerrilleros como el “Francés”, “Quincoces” y “Chaquetalarga”.

Hasta ahora la naturaleza había ido modelando la Historia de estas tierras, pero va a ser después de los años cincuenta cuando este binomio se va a ver invertido. A partir de este momento va a ser la Historia la que va a incidir en la naturaleza: la mano del hombre va a intervenir irremediablemente sobre nuestro entorno.

La construcción de las presas de Torrejón y Alcántara en 1966 y 1969, respectivamente, alteró irreversiblemente el paisaje y la belleza salvaje de las orillas del Tajo, quedando sumergidas todas las zonas de ribera, junto con la riqueza ecológica y etnológica que allí se concentraba.

Patrimonio Histórico. Parque Nacional de Monfragüe. Cáceres.
(Repoblaciones de eucaliptos. Foto cedida por Rubén Serradilla Prieto. Centro de Documentación P.N. de Monfragüe)

Además, en 1970 dan comienzo las brutales repoblaciones con eucalipto y pino. La prometida y nunca construida industria papelera en Navalmoral de la Mata hizo que muchas hectáreas del Parque quedaran asoladas e irremediablemente alteradas por los aterrazamientos con maquinaria pesada. La sierra de Miravete y parajes de los barrancos de los arroyos Malvecino y Barbaón recibieron un duro golpe. Se hicieron desaparecer importantes espesuras del siempre, desgraciadamente, maltratado bosque mediterráneo.

Después de estos desastres ecológicos, se vio la necesidad urgente de proteger la zona. Numerosos científicos escribieron sobre la importancia de preservar este tramo del Tajo: el profesor Bernis, de la Universidad Complutense de Madrid, en su libro El buitre negro en Iberia nos habla de ello: “…todo es inútil en tanto los parajes no entren a formar parte de una reserva o parque nacional…”. Willy Suetens y Paul Van Groenendael, expertos ornitólogos, apoyaron esta idea desde el primer momento en que conocieron Monfragüe, haciendo excelentes estudios sobre buitre negro, águila imperial, águila calzada y otras numerosas especies.

En 1968 llegó por vez primera a estas tierras Jesús Garzón. Este hombre, enamorado de la belleza de Monfragüe y sensibilizado con la conservación de la naturaleza, sostuvo una muy dura batalla con la administración, los propietarios de las fincas colindantes, políticos, alcaldes de la zona… Pero su empeño y el apoyo recibido por científicos y amantes de la naturaleza desencadenaron en el nombramiento del Parque. El 4 de abril de 1979 Monfragüe fue declarado Parque Natural.

Los años siguientes son en los que se afianzaron las mentalidades conservacionistas, las infraestructuras en Villarreal y las intenciones de dar a conocer las riquezas del Parque. Veinticinco años de experiencias, buenas y no tan buenas, han sido la base sólida para la consecución del nombramiento, por Ley del 2 de marzo de 2007, de Monfragüe como Parque Nacional.

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